Querido
No hablo tu lengua, pero la conozco como nadie;
en cada rincón ya he estado, dientes, cielo y otros más allá.
Cuando te beso no hay necesidad de expresar un código,
es un lenguaje mío y tuyo,
que cautiva mil y un sentidos,
incluso aquellos que juré no tener.
Meteoro de la Pasión;
huracán con nombre de gente;
mirada centelleante, aunque velada por una inconfundible melancolía;
cabellos negros como el ala de un cuervo.
Dulce es tu hablar y diabético tu amar.

